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Archive for the ‘D. Kurt Cardeal Koch’ Category

El Cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, en esta entrevista cuya traducción ahora presentamos, ha trazado, con gran honestidad y claridad, un balance de la situación ecuménica a 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II y ha hablado de los desafíos actuales que enfrenta el ecumenismo, a pocos días de comenzar la Semana de oración por la unidad de los cristianos que, como cada año, tendrá lugar del 18 al 25 de enero.

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La Semana de Oración del 2012 se celebra en el año en que la Iglesia universal recuerda la apertura, 50 años atrás, del Concilio Vaticano II: por lo tanto, son 50 años de diálogo con los hermanos cristianos. ¿Nos puede trazar un balance “ecuménico” de los objetivos más importantes alcanzados y los nuevos desafíos que han surgido?

El Beato Juan XXIII fundó este Pontificio Consejo, en su tiempo Secretariado, en 1960, por lo tanto, dos años antes del Concilio. Y lo quiso fuertemente por dos deseos: la renovación de la Iglesia católica y el restablecimiento de la unidad de los cristianos. Dos inspiraciones presentes en el Concilio. Pienso que estos son los dos desafíos también para hoy. La renovación está siempre presente en la vida de la Iglesia y el Papa Benedicto XVI invita constantemente a una profundización espiritual de la renovación de la Iglesia.

El otro gran desafío está bien definido en el decreto conciliar sobre el ecumenismo, Unitatis Redintegratio: en estos 50 años se han dado muchos pasos. Hemos puesto en marcha 16 diálogos diversos. Y si hemos podido dar muchos pasos en el diálogo con los ortodoxos, en el mundo occidental los problemas se han vuelto más complejos a causa de tres nuevos desafíos: en primer lugar, en el mundo de las Iglesias de la Reforma nos encontramos frente a una gran fragmentación y al nacimiento constante de nuevas Iglesias. El segundo desafío es que hoy han aumentado las diversidades a nivel ético, y esto es un gran cambio respecto a los años setenta y ochenta, durante los cuales se decía: “la fe separa, la práctica une”. Pero para dar hoy un testimonio creíble en la sociedad, debemos encontrar un acercamiento común sobre los temas fundamentales de la ética porque en un mundo fuertemente secularizado hay necesidad de una voz común de los cristianos. El tercer aspecto problemático es haber olvidado el objetivo último del ecumenismo. No pocas Iglesias y comunidades eclesiales que han nacido de la Reforma no ven ya como meta última la unidad visible en la fe, en los sacramentos, en los ministerios, sino que entienden la unidad como suma de todas las Iglesias. Una visión ecuménica que, como católicos, no podemos aceptar.

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Del 19 al 25 de febrero, el Ordinariato inglés de Nuestra Señora de Walsingham irá en peregrinación a Roma. Días atrás, ha sido erigido un Ordinariato personal para los Estados Unidos. ¿Cómo está cambiando la galaxia ecuménica luego de estos eventos?

En primer lugar, habría que aclarar que, en el siglo del ecumenismo, la decisión tomada por una persona de pasar de una Iglesia a otra debe ser siempre respetada y, por lo tanto, es posible, porque es una decisión tomada a conciencia. Lo nuevo que ha surgido en esta situación con los anglicanos es que grupos de fieles, con presbíteros y obispos, han pedido entrar a la Iglesia católica. Y esto es una novedad. Pienso que también en este caso el Santo Padre no ha tenido otra alternativa más que abrir la puerta a aquellos que han pedido ingresar. Es claro que esta hospitalidad provoca algunos problemas en la comunidad anglicana mundial. Pero, desde este punto de vista, es importante recordar que la Sede Apostólica tiene la clara conciencia de la diferencia de que respecto a la Anglicanorum cooetibus [la Constitución Apostólica del Papa Benedicto XVI en la cual se contienen las disposiciones a seguir para los anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia Católica] es responsable la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos prosigue su camino y su búsqueda de diálogo y de unidad.

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¿En qué punto estamos, por otro lado, con las Iglesias ortodoxas? (mais…)

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Il convegno sul motu proprio “Summorum Pontificum”

 

Dalla liturgia antica un ponte ecumenico


di KURT KOCH

“Una speranza per tutta la Chiesa” è il titolo del 3° convegno sul motu proprio Summorum pontificum di Benedetto XVI che si è tenuto oggi, sabato 14, presso la Pontificia Università San Tommaso d’Aquino, al quale hanno partecipato, fra gli altri, il cardinale Antonio Cañizares Llovera, prefetto della Congregazione per il Culto Divino e la Disciplina dei Sacramenti, il cardinale presidente del Pontificio Consiglio per la Promozione dell’Unità dei Cristiani e il segretario della Pontificia Commissione “Ecclesia Dei”. Delle relazioni di questi ultimi due pubblichiamo, rispettivamente di seguito e in basso, ampi stralci.

“La riforma della liturgia non può essere una rivoluzione. Essa deve tentare di cogliere il vero senso e la struttura fondamentale dei riti trasmessi dalla tradizione e, valorizzando prudentemente ciò che è già presente, li deve sviluppare ulteriormente in maniera organica, andando incontro alle esigenze pastorali di una liturgia vitale”. Con queste parole illuminanti il grande liturgista Josef Andreas Jungmann ha commentato l’articolo 23 della costituzione sulla sacra liturgia del concilio Vaticano II, dove vengono indicati gli ideali che “devono servire da criterio per ogni riforma liturgica” e di cui Jungmann ha detto: “Sono gli stessi che sono stati seguiti da tutti coloro che con avvedutezza hanno richiesto il rinnovamento liturgico”. Diversamente, il liturgista Emil Lengeling ha affermato che la costituzione del concilio Vaticano II ha segnato “la fine del medioevo nella liturgia” ed ha operato una rivoluzione copernicana nella comprensione e nella prassi liturgica.
Ecco qui menzionate le due facce interpretative opposte, che costituiscono il punto cruciale della controversia sviluppatasi intorno alla liturgia dopo il concilio Vaticano II: la riforma liturgica postconciliare deve essere presa alla lettera ed intesa come “ri-forma” nel senso di un ripristino della forma originaria e quindi come ulteriore fase all’interno di uno sviluppo organico della liturgia, oppure questa riforma va letta come una rottura con l’intera tradizione della liturgia cattolica e addirittura la rottura più evidente che il Concilio abbia realizzato, ovvero come la creazione di una nuova forma?
Il fatto che i padri conciliari intendessero la riforma solo nel senso della prima affermazione è stato approfonditamente mostrato soprattutto da Alcuin Reid. Tuttavia, in ampi circoli all’interno della Chiesa cattolica si è sempre di più imposta la seconda interpretazione, che vede nella riforma liturgica una rottura radicale con la tradizione e intende addirittura promuoverla. Questo sviluppo ha condotto, nella comprensione e nella prassi liturgica, a nuovi dualismi.
È certo che il motu proprio potrà far compiere passi avanti nell’ecumenismo solo se le due forme dell’unico rito romano in esso menzionate, ovvero quella ordinaria del 1970 e quella straordinaria del 1962, non vengono considerate come un’antitesi ma come un mutuo arricchimento. Poiché il problema ecumenico si cela in questa fondamentale questione ermeneutica. (mais…)

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