Feeds:
Artigos
Comentários

Mons. Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y experto en ecumenismo, ha concedido esta entrevista en la cual, partiendo de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, hace referencia a las concepciones erróneas del ecumenismo y al peligro que representa para la unidad de la Iglesia un equivocado sobredimensionamiento de las conferencias episcopales.

 

***

Don Bux, ¿cuál es el valor de esta Semana de oración por la unidad de los cristianos?

 

Sirve, sobre todo, para aprender que la unidad no viene desde abajo sino desde lo alto. Después del primer impulso conciliar, que poco a poco se fue atenuando, parecía afirmarse un contra-modelo de ecumenismo que pensaba hacer surgir la unidad desde abajo. Hoy, tal vez con más realismo, se vuelve a comprender que la unidad es algo que viene de lo alto, no la podemos construir nosotros. El ecumenismo debe entenderse como el intento de dejar a Dios aquello que sólo Él puede hacer, es decir, a través de las divisiones y los pecados, llamar al hombre a la unidad con Él.

*

Hoy se habla mucho de ecumenismo pero parece que hay muchas interpretaciones diversas de esta palabra, a veces incluso contradictorias. ¿Pero cuál es la interpretación correcta?

 

En general, el ecumenismo toma como afirmación de base aquella contenida en el capítulo 17 de Juan, dentro de la gran plegaria de Jesús antes de su Pasión: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”. Jesús mismo, por lo tanto, invoca el don de la unidad de lo alto, también porque Él veía las divisiones existentes, que constataba entre los judíos de los cuales era hijo. Por lo tanto, en cierto sentido, la preocupación por la unidad le venía ante la constatación de la realidad. Tantos grupos, facciones, contrapuestos entre ellos, que los Evangelios – y Juan – documentan bien.

 

Y por eso el Señor, en cierto sentido, preveía, presentía, que no habría sido muy diverso tampoco para sus discípulos. Y de alguna manera Él comprende que sólo un don de lo alto, un don abundante, el perdón, habría limitado los efectos de aquella culpa original que ha provocado la división. No hay que olvidar tampoco en el ecumenismo que la unidad visible no existe porque existe el pecado. Como decía Ireneo, “donde hay pecados existe la multitud, no la unidad”. Por otra parte, el pecado es una realidad al punto que en la liturgia pascual, en el canto del Exultet, se lo define al pecado de origen, una culpa feliz, felix culpa, casi un hecho útil. El mismo san Pablo en la primera carta a los Corintios (11, 19) dice textualmente que “es necesario que haya divisiones entre vosotros”. Impresiona que para el apóstol sean necesarias las divisiones. Podría parecer una contradicción: Jesús afirma la unidad que viene de lo alto, San Pablo de algún modo afirma que hay divisiones. Nosotros estamos lejanos en el tiempo pero vemos las divisiones reales de los cristianos, las históricas y las sutiles que pasan incluso dentro de cada confesión. Y entonces comprendemos realmente que las divisiones tal vez no las podremos quitar al menos hasta el fin de los tiempos. Porque es a través de ellas que debemos entender que la unidad no es algo que construimos nosotros. Es un don, es un perdón, porque si no hay perdón, no puede existir ninguna unidad. Bien lo saben los esposos.

 

Se debe reconocer que la realidad, contaminada por el pecado, produce divisiones, que deben ser continuamente atravesadas sin pretender esconderlas o amortiguarlas en nombre de una unidad imposible. Sino comprendiendo que nadie, ni católico ni protestante, puede imponer al otro algo que el otro no es o no tiene. Debe nacer desde el interior la escucha de todo lo que de verdadero y de bueno existe en el otro para que crezca el don de la unidad que, no obstante, nos viene de lo alto.

*

Muy a menudo, hablando de unidad de los cristianos, se hace referencia – incluso teólogos católicos – a una ideal “federación entre las Iglesias”, todas al mismo nivel. Pero el objetivo del ecumenismo para la Iglesia católica es bien distinto.

 

La concepción que usted describe es exactamente lo que intentaba decir cuando hablaba de la idea de una unidad que se quiere construir desde abajo. Se hacen muchos esfuerzos, que no conducen a nada, para luego replegarse en una suerte de federación: nos ponemos todos juntos, cada uno sigue siendo lo que es y vamos para adelante. Me pregunto por qué luego, entre estos esfuerzos, está el intento de hacer cambiar de naturaleza a la Iglesia Católica.

*

¿Puede dar algún ejemplo? Continuar a ler »

Aqui a Homilia do Mons. Keith Newton e as fotos da celebração.

Monseigneur Marco Agostini, officiel de la Secrétairerie d’État, cérémoniaire pontifical depuis juin 2009, a célébré ce dimanche 15 janvier la forme extraordinaire en l’église de la Trinité des Pèlerins de Rome. C’est, à notre connaissance, la première fois que l’un des cérémoniaires pontificaux célèbre publiquement la liturgie traditionnelle de l’Église.

Rappelons que la Trinité des Pèlerins est la paroisse personnelle instituée à Rome directement par le Saint Père pour la célébration de la forme extraordinaire du rite romain. Elle est confiée à la Fraternité Saint-Pierre dont l’un des prêtres, Don Almiro de Andrade, est officiel de la Commission Ecclesai Dei.

La présence de Monseigneur Agostini à la Trinité des Pèlerins pourrait bien servir de répétition avant la célébration publique de la forme extraordinaire par Monseigneur Guido Marini, Maître des célébrations liturgiques pontificales. De là à conclure que l’hypothèse de la célébration de la liturgie traditionnelle par le Souverain Pontife

lui-même se rapproche, il n’y a qu’un pas que certains observateurs romains semblent prêts à franchir…

In Risposte Catholique

El Cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, en esta entrevista cuya traducción ahora presentamos, ha trazado, con gran honestidad y claridad, un balance de la situación ecuménica a 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II y ha hablado de los desafíos actuales que enfrenta el ecumenismo, a pocos días de comenzar la Semana de oración por la unidad de los cristianos que, como cada año, tendrá lugar del 18 al 25 de enero.

***

La Semana de Oración del 2012 se celebra en el año en que la Iglesia universal recuerda la apertura, 50 años atrás, del Concilio Vaticano II: por lo tanto, son 50 años de diálogo con los hermanos cristianos. ¿Nos puede trazar un balance “ecuménico” de los objetivos más importantes alcanzados y los nuevos desafíos que han surgido?

El Beato Juan XXIII fundó este Pontificio Consejo, en su tiempo Secretariado, en 1960, por lo tanto, dos años antes del Concilio. Y lo quiso fuertemente por dos deseos: la renovación de la Iglesia católica y el restablecimiento de la unidad de los cristianos. Dos inspiraciones presentes en el Concilio. Pienso que estos son los dos desafíos también para hoy. La renovación está siempre presente en la vida de la Iglesia y el Papa Benedicto XVI invita constantemente a una profundización espiritual de la renovación de la Iglesia.

El otro gran desafío está bien definido en el decreto conciliar sobre el ecumenismo, Unitatis Redintegratio: en estos 50 años se han dado muchos pasos. Hemos puesto en marcha 16 diálogos diversos. Y si hemos podido dar muchos pasos en el diálogo con los ortodoxos, en el mundo occidental los problemas se han vuelto más complejos a causa de tres nuevos desafíos: en primer lugar, en el mundo de las Iglesias de la Reforma nos encontramos frente a una gran fragmentación y al nacimiento constante de nuevas Iglesias. El segundo desafío es que hoy han aumentado las diversidades a nivel ético, y esto es un gran cambio respecto a los años setenta y ochenta, durante los cuales se decía: “la fe separa, la práctica une”. Pero para dar hoy un testimonio creíble en la sociedad, debemos encontrar un acercamiento común sobre los temas fundamentales de la ética porque en un mundo fuertemente secularizado hay necesidad de una voz común de los cristianos. El tercer aspecto problemático es haber olvidado el objetivo último del ecumenismo. No pocas Iglesias y comunidades eclesiales que han nacido de la Reforma no ven ya como meta última la unidad visible en la fe, en los sacramentos, en los ministerios, sino que entienden la unidad como suma de todas las Iglesias. Una visión ecuménica que, como católicos, no podemos aceptar.

*

Del 19 al 25 de febrero, el Ordinariato inglés de Nuestra Señora de Walsingham irá en peregrinación a Roma. Días atrás, ha sido erigido un Ordinariato personal para los Estados Unidos. ¿Cómo está cambiando la galaxia ecuménica luego de estos eventos?

En primer lugar, habría que aclarar que, en el siglo del ecumenismo, la decisión tomada por una persona de pasar de una Iglesia a otra debe ser siempre respetada y, por lo tanto, es posible, porque es una decisión tomada a conciencia. Lo nuevo que ha surgido en esta situación con los anglicanos es que grupos de fieles, con presbíteros y obispos, han pedido entrar a la Iglesia católica. Y esto es una novedad. Pienso que también en este caso el Santo Padre no ha tenido otra alternativa más que abrir la puerta a aquellos que han pedido ingresar. Es claro que esta hospitalidad provoca algunos problemas en la comunidad anglicana mundial. Pero, desde este punto de vista, es importante recordar que la Sede Apostólica tiene la clara conciencia de la diferencia de que respecto a la Anglicanorum cooetibus [la Constitución Apostólica del Papa Benedicto XVI en la cual se contienen las disposiciones a seguir para los anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia Católica] es responsable la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos prosigue su camino y su búsqueda de diálogo y de unidad.

*

¿En qué punto estamos, por otro lado, con las Iglesias ortodoxas? Continuar a ler »

O Ano da Fé – Entrevista

Cuando aún faltan nueve meses para la solemne inauguración del Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI y que se llevará a cabo desde el 11 de octubre del 2012 al 24 de noviembre del 2013, la Congregación para la Doctrina de la Fe, por mandato y con la aprobación del mismo Papa, ha publicado hoy una importante Nota con indicaciones pastorales para el Año de la Fe, cuya lectura recomendamos.

Esta iniciativa del Papa Benedicto XVI puede considerarse, ciertamente, como una de las más importantes de su luminoso Pontificado y prueba de ello es, precisamente, que las grandes cuestiones que él ha tratado de fortalecer en la Iglesia desde su elevación a la Sede de Pedro se encuentran integradas en este Año de la Fe: la necesidad de descubrir la belleza de la fe como encuentro con Cristo, la importancia de exponer la fe en toda su pureza e integridad, la correcta hermenéutica del Concilio Vaticano II entendido a la luz de la Tradición eclesial y no en ruptura con ella, la importancia de la Liturgia celebrada dignamente como expresión de la fe, la urgencia del compromiso por la unidad de todos los que creen en Cristo, etc. Todo parece señalar que, tal como afirmamos en el título, el Santo Padre pone todas sus fuerzas en el próximo Año de la Fe.

Lo que ofrecemos ahora es una entrevista al Padre Hermann Geisler, responsable de la oficina doctrinal del dicasterio, en la cual el sacerdote habla de la importancia de esta Nota, de las propuestas más importantes que en ella se contienen, de los graves peligros que amenazan hoy a la Iglesia y de la clarividencia del Pontífice al convocar este Año de la Fe.

***

Padre Geisler, ¿cuál es objetivo de ofrecer, por parte de su dicasterio, indicaciones pastorales para el Año de la Fe?

Como se sabe, la Congregación para la Doctrina de la Fe es competente no sólo para corregir los errores sino también, y en primer lugar, para promover la doctrina de la verdad. Me parece que esta Nota, con sugerencias pastorales, entra perfectamente en esta tarea promocional, que es también específica de la misma Congregación; me parece también que entra perfectamente en el programa del Papa que, desde el comienzo de su Pontificado, ha buscado renovar la fe partiendo de Cristo: solamente recuerdo sus palabras recientes a la Curia Romana, cuando dijo que “si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán  ineficaces”. La reforma realmente necesaria, hoy, en la Iglesia es, por lo tanto, la renovación de la fe. Diría que el objetivo de esta Nota es triple. El primero es ayudar a los fieles a redescubrir el núcleo de la fe, el fundamento de la fe, que es el encuentro personal con Cristo, el encuentro personal con el Señor, que nos ama, nos sostiene, nos perdona, nos anima y nos muestra un gran futuro. Partiendo de esto, pienso que hay un segundo objetivo de la Nota – que también es muy importante – que es ayudar a todos a redescubrir el significado y los documentos del Vaticano II. Muchos hablan del Vaticano II pero cuando luego se profundiza un poco más uno se da cuenta que pocos conocen realmente los textos de este gran y último Concilio. Por lo tanto, pienso que es realmente muy importante redescubrir el tesoro de todo esto. Menciono también el tercer objetivo, que es el de redescubrir la fe en toda su belleza y en su integridad. Para esto creo, obviamente, que el Catecismo de la Iglesia Católica puede ayudarnos mucho porque es importante hoy comprender también la Doctrina de la Fe. El Año de la Fe quiere ayudarnos precisamente en esto.

*

¿Qué propuestas pastorales ofrece la Nota? Continuar a ler »

(clique sobre a imagem para aceder à galeria)

(clique sobre a imagem para aceder às galerias)

Para além do costume litúrgico do Anúncio Solene das Festas móveis do Ano Litúrgico, após a leitura do Evangelho, na Missa de Epifania, existe na Tradição da Igreja alguns sacramentais associados a esta grande Solenidade: a bênção do ouro, do incenso, da mirra e do giz. Estas aqui transcrevemos.

Bênção Ouro, Incenso e Mirra

V. Adiutorium nostrum in nomine Domini.

R. Qui fecit caelum et terram.

V. Dominus vobiscum.

R. Et cum spiritu tuo.

Oremus. Suscipe, sancta Pater, a me indigno famulo tuo haec munera, quae in honorem nominis tui sancti, et in titulum omnipotentiae tuae maiestatis, humiliter tibi offero: sicut sacrificium Abel iustus, et sicut eadem munera a tribus Magis tibi quondam offerentibus suscepisti.

Exerciso te, creatura auri, thuris et myrrhae, per Pa+trem omnipotentem, per Iesum + Christum filium eius unigenitum, et per Spiritum Sanctum + Paraclitum: ut a te discedat omnis fraus, dolus, et nequitia diaboli, et sis remedium salutare humano generi contra insidias immici: et quicumque divino freti auxilio te in suis loculis, domibus, aut circa se habuerint, per virtutem et merita Domini et Salvatoris nostri, ac intercessionem eius sanctissimmae Genetricis et Virginis Mariae, ac eorum, qui hodie similibus muneribus Christum Dominum venerati sunt, omniumque Sanctorum, ab omnibus periculis animae et corporis liberentur, et bonis omnibus perfrui mereantur. R. Amen.

Deus invisibilis et interminabilis, pietatem tuam per sanctum et tremendum Filii tui nomen, suppliciter deprecamur: ut in hanc creaturam auri, thus, myrrhae bene+dictionem ac operationem tuae virtutis infundas: ut, qui ea penes se habuerint, ab omni aegreditudinis et laesionis incursu tuti sint; et omnes morbos corporis et animae effugiant, nullum dominetur eis penculum et, laeti, ac incolumes tibi in Ecclesia tua deserviant: Qui in Trinitate perfecta vivis et regnas Deus per omnia saecula saeculorum.

R Amen.

Et benedictio Dei omnipotentis, Pa+tris, et Filii,+ et Spiritus + Sancti, descendat super hanc creaturam auri, thuris et myrrhae, et maneat semper. R. Amen.

Bênção do Giz

V. Adiutorium nostrum in nomine Domini.

R. Qui fecit caelum et terram.

V. Dominus vobiscum.

R. Et cum spiritu tuo.

Bene+dic, Domine Deus, creaturam istam cretae: ut sit salutaris humano generi; et praesta per invocationem nominis tui sanctissimi, ut, quicumque ex ea sumpserint, vel ea in domus suae portis scripserint nomina sanctorum tuorum Gasparis, Melchioris et Baltassar, per eorum intercessionem et merita, corporis sanitatem, et animae tutelam, percipiant. Per Christum Dominum nostrum. R. Amen

Depois de abençoados seriam utilizados na bênção anual das casas, aspergindo-as com água benta e incensando-as. Nesta forma a bênção estava reservada  ao ministro ordenado. No entanto após o Concílio, esta bênção (na sua forma reduzida) é posta ao cuidado do Pai da família (ou a qualquer outro membro).

No final da bênção, faz-se a inscrição do seguinte texto na parte superior das portas (por cima da padieira, do lado de dentro ou de fora, são várias as formas possíveis):

20+C+M+B+12

CMB significa “Christus Mansionem Benedicat” e também o nome dos Reis Magos Caspar, Melchior e Baltasar, inseridos entre os algarismos do ano corrente (no caso 2012).

Mais bênçãos do Rituale romanum no nosso web Site.

 

CONGREGAÇÃO PARA A DOUTRINA DA FÉ
Nota
 com indicações pastorais para o Ano da Fé

Introdução

Com a Carta apostólica Porta fidei de 11 de outubro de 2011, o Santo Padre Bento XVI convocou um Ano da Fé. Ele começará no dia 11 de outubro 2012, por ocasião do qüinquagésimo aniversário da abertura do Concílio Ecumênico Vaticano II, e terminará aos 24 de novembro de 2013, Solenidade de Nosso Senhor Jesus Cristo, Rei do Universo.

Este ano será uma ocasião propícia a fim de que todos os fiéis compreendam mais profundamente que o fundamento da fé cristã é “o encontro com um acontecimento, com uma Pessoa que dá à vida um novo horizonte e, desta forma, o rumo decisivo”.1 Fundamentada no encontro com Jesus Cristo ressuscitado, a fé poderá ser redescoberta na sua integridade e em todo o seu esplendor. “Também nos nossos dias a fé é um dom que se deve redescobrir, cultivar e testemunhar” para que o Senhor “conceda a cada um de nós viver a beleza e a alegria de sermos cristãos”2.

O início do Ano da Fé coincide com a grata recordação de dois grandes eventos que marcaram a face da Igreja nos nossos dias: o qüinquagésimo aniversário da abertura do Concílio Vaticano II, desejado pelo beato João XXIII (11 de outubro de 1962), e o vigésimo aniversário da promulgação do Catecismo da Igreja Católica, oferecido à Igreja pelo beato João Paulo II (11 de outubro de 1992).

O Concílio, segundo o Papa João XXIII, quis “transmitir pura e íntegra a doutrina, sem atenuações nem subterfúgios”, empenhando-se para que “esta doutrina certa e imutável, que deve ser fielmente respeitada, seja aprofundada e exposta de forma a responder às exigências do nosso tempo”3. A este propósito, continua sendo de importância decisiva o início da Constituição dogmática Lumen gentium: “A luz dos povos é Cristo: por isso, este sagrado Concílio, reunido no Espírito Santo, deseja ardentemente iluminar com a Sua luz, que resplandece no rosto da Igreja, todos os homens, anunciando o Evangelho a toda a criatura (cfr. Mc. 16,15)”4. A partir da luz de Cristo, que purifica, ilumina e santifica na celebração da sagrada liturgia (cf. Constituição Sacrosanctum Concilium) e com a sua palavra divina (cf. Constituição dogmática Dei Verbum), o Concílio quis aprofundar a natureza íntima da Igreja (cf. Constituição dogmática Lumen gentium) e a sua relação com o mundo contemporâneo (cf. Constituição pastoral Gaudium et spes). Ao redor das suas quatro Constituições, verdadeiras pilastras do Concílio, se agrupam as Declarações e os Decretos, que enfrentam alguns dos maiores desafios do tempo.

Depois do Concílio, a Igreja se empenhou na assimilação (receptio) e na aplicação do seu rico ensinamento, em continuidade com toda a Tradição, sob a guia segura do Magistério. A fim de favorecer a correta assimilação do Concílio, os Sumos Pontífices convocaram amiúde o Sínodo dos Bispos5, instituído pelo Servo de Deus Paulo VI em 1965, propondo à Igreja orientações claras por meio das diversas Exortações apostólicas pós-sinodais. A próxima Assembléia Geral do Sínodo dos Bispos, no mês de outubro de 2012, terá como tema: A nova evangelização para a transmissão da fé cristã.

Desde o começo do seu pontificado, o Papa Bento XVI se empenhou de maneira decisiva por uma correta compreensão do Concílio, rechaçando como errônea a assim chamada “hermenêutica da descontinuidade e da ruptura” e promovendo aquele que ele mesmo chamou de “’hermenêutica da reforma’”, da renovação na continuidade do único sujeito-Igreja, que o Senhor nos concedeu; é um sujeito que cresce no tempo e se desenvolve, permanecendo porém sempre o mesmo, único sujeito do Povo de Deus a caminho”6.

Catecismo da Igreja Católica, pondo-se nesta linha, é, de um lado, “verdadeiro fruto do Concílio Vaticano II”7, e de outro pretende favorecer a sua assimilação. O Sínodo Extraordinário dos Bispos de 1985, convocado por ocasião do vigésimo aniversário da conclusão do Concílio Vaticano II e para efetuar um balanço da sua assimilação, sugeriu que fosse preparado este Catecismo a fim de oferecer ao Povo de Deus um compêndio de toda a doutrina católica e um texto de referência segura para os catecismos locais. O Papa João Paulo II acolheu a proposta como desejo “de responder plenamente a uma necessidade verdadeira da Igreja Universal e das Igrejas particulares”8. Redigido em colaboração com todo o Episcopado da Igreja Católica, este Catecismo “exprime verdadeiramente aquela a que se pode chamar a ‘sinfonia da fé’”9.

Catecismo compreende “coisas novas e velhas (cf. Mt 13,52), porque a fé é sempre a mesma e simultaneamente é fonte de luzes sempre novas. Para responder a esta dupla exigência, o ‘Catecismo da Igreja Católica’ por um lado retoma a ‘antiga’ ordem, a tradicional, já seguida pelo Catecismo de São Pio V, articulando o conteúdo em quatro partes: o Credo; a sagrada Liturgia, com os sacramentos em primeiro plano; o agir cristão, exposto a partir dos mandamentos; e por fim a oração cristã. Mas, ao mesmo tempo, o conteúdo é com freqüência expresso de um modo ‘novo’, para responder às interrogações da nossa época”10. Este Catecismo é “um instrumento válido e legítimo a serviço da comunhão eclesial e como uma norma segura para o ensino da fé.”11. Nele os conteúdos da fé encontram “a sua síntese sistemática e orgânica. Nele, de facto, sobressai a riqueza de doutrina que a Igreja acolheu, guardou e ofereceu durante os seus dois mil anos de história. Desde a Sagrada Escritura aos Padres da Igreja, desde os Mestres de teologia aos Santos que atravessaram os séculos, o Catecismo oferece uma memória permanente dos inúmeros modos em que a Igreja meditou sobre a fé e progrediu na doutrina para dar certeza aos crentes na sua vida de fé.”12.

Ano da Fé quer contribuir para uma conversão renovada ao Senhor Jesus e à redescoberta da fé, para que todos os membros da Igreja sejam testemunhas credíveis e alegres do Senhor ressuscitado no mundo de hoje, capazes de indicar a “porta da fé” a tantas pessoas que estão em busca. Esta “porta” escancara o olhar do homem para Jesus Cristo, presente no nosso meio “todos os dias, até o fim do mundo” (Mt 28, 20). Ele nos mostra como “a arte de viver” se aprende “numa relação profunda com Ele”13. “Com o seu amor, Jesus Cristo atrai a Si os homens de cada geração: em todo o tempo, Ele convoca a Igreja confiando-lhe o anúncio do Evangelho, com um mandato que é sempre novo. Por isso, também hoje é necessário um empenho eclesial mais convicto a favor duma nova evangelização, para descobrir de novo a alegria de crer e reencontrar o entusiasmo de comunicar a fé”14.

Por ordem do Papa Bento XVI15, a Congregação para a Doutrina da Fé redigiu a presente Nota, em acordo com os Dicastérios competentes da Santa Sé e com a contribuição do Comitê para a preparação do Ano da Fé16, com algumas indicações para viver este tempo de graça, sem excluir outras propostas que o Espírito Santo quiser suscitar entre os Pastores e os fiéis nas diversas partes do mundo.

Indicações

“Eu sei em quem pus a minha fé” (2 Tm 1, 12): esta palavra de São Paulo nos ajuda a compreender que “antes de mais, a fé é uma adesão pessoal do homem a Deus. Ao mesmo tempo, e inseparavelmente, é o assentimento livre a toda a verdade revelada por Deus17. A fé como confiança pessoal no Senhor e a fé que professamos no Credo são inseparáveis, se atraem e se exigem reciprocamente. Existe uma ligação profunda entre a fé vivida e os seus conteúdos: a fé das testemunhas e dos confessores é também a fé dos apóstolos e dos doutores da Igreja.

Neste sentido, as seguintes indicações para o Ano da Fé desejam favorecer tanto o encontro com Cristo por meio de autênticas testemunhas da fé, quanto o conhecimento sempre maior dos seus conteúdos. Trata-se de propostas que visam solicitar, de maneira exemplificativa, a pronta responsabilidade eclesial diante do convite do Santo Padre a viver em plenitude este Ano como um especial “tempo de graça”18. A redescoberta alegre da fé poderá contribuir também a consolidar a unidade e a comunhão entre as diversas realidades que compõem a grande família da Igreja.

I. A nível da Igreja universal Continuar a ler »

Desejo expressar, primeiramente, minha gratidão a todos vós pelo zelo e entusiasmo com que promoveis a causa da restauração das verdadeiras tradições litúrgicas da Igreja.

Como sabeis, é a liturgia que aperfeiçoa a fé e sua heróica realização na vida. Ela é o meio com que os seres humanos são elevados ao nível do transcendente e do eterno: o lugar de um profundo encontro entre Deus e o homem.
A liturgia, por esta razão, nunca pode ser criada pelo homem. Pois se rezamos da forma como queremos e ajustamos as normas a nós mesmos, corremos, então, o risco de recriar o bezerro de ouro de Aarão. Devemos constantemente insistir na liturgia enquanto participação naquilo que o próprio Deus faz, correndo o risco, de outra forma, de cair na idolatria. O simbolismo litúrgico nos ajuda a nos elevarmos acima do que é humano, em direção ao divino. A esse respeito, é minha firme convicção de que o Vetus Ordo representa em grande extensão e de maneira mais satisfatória aquele chamado místico e transcendente a um encontro com Deus na liturgia. Portanto, chegou para nós a hora de não só renovarmos, por mudanças radicais, o conteúdo da nova Liturgia, mas de também encorajarmos mais e mais o retorno do Vetus Ordo, como um caminho para uma verdadeira renovação da Igreja, que foi o que os Padres da Igreja assentados no Concílio Vaticano II tanto desejaram.
A cuidadosa leitura da Constituição Conciliar sobre a Sagrada Liturgia,Sacrosanctum Concilium, demonstra que as imprudentes mudançasintroduzidas posteriormente na Liturgia nunca estiveram nas mentes dos Padres do Concílio.
Assim, chegou a hora de sermos corajosos no trabalho por uma verdadeira reforma da reforma e também pelo retorno da verdadeira liturgia da Igreja, que se desenvolveu por sua história bimilenar em um contínuo fluxo. Desejo e rezo para que isso ocorra.
Possa Deus abençoar os vossos esforços com sucesso.
+Malcolm Cardeal Ranjith
Arcebispo de Colombo
24/8/2011
In Salvem a Liturgia

Mensagens Antigas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.